COMPRAR POR COMPRAR. Una forma de esclavitud del siglo XXI ( Alejandro Rocamora Bonilla) Diciembre 2025.

COMPRAR POR COMPRAR. Alejandro Rocamora. diciembre 2025

 

 

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COMPRAR POR COMPRAR

Una forma de esclavitud del siglo XXI

 

Alejandro Rocamora Bonilla

 

         Según el Informe Europeo sobre Adicción al Consumo, una tercera parte de los ciudadanos de la Unión Europea tiene problemas de autocontrol y entre el 1 al 5% son adictos a las compras; además, los investigadores sostienen que nueve de cada diez adictos a las compras son mujeres, pero no podemos concluir que este fenómeno es exclusivo de las mujeres, entre otras razones, porque, como ocurre en general en toda demanda de ayuda (médica, social, psicológica, etc.) la mujer es la que con más frecuencia expresa su malestar y por lo tanto es más consciente del desorden; por otra parte, alrededor del 33% de las personas que practican la compra compulsiva lo hace sin darse cuenta de ello.

         Esas frías cifras ponen de manifiesto la magnitud del problema, máxime cuando podríamos afirmar que la “compra compulsiva” es una adicción simpática ( nadie se sonroja al decir que se ha comprado cinco pares de zapatos en una visita a los grandes almacenes de turno o que en las últimas rebajas no pudo resistirse a llevarse a casa seis jersey que estaban muy baratos o que tiene tantas colonias que ya no tiene espacio para almacenarlas, etc.), es decir, no se vive tan trágicamente como la adicción al alcohol, al internet o al móvil.

         ¿Por qué comprar si no se necesita? ¿Por qué comprar si se tiene el armario lleno de ropa? ¿Se compra sólo porque es barato? ¿Se compra sólo por el placer de comprar? Preguntas que intentaremos dar respuesta en las siguientes líneas.

Adicciones sin drogas: la dependencia actual

         En nuestro mundo occidental hace muchos años que se abolió la esclavitud. No obstante, hoy día algunas personas se encuentran presas de su tendencia a jugar (los ludópatas), a comer (los bulímicos), a trabajar (los workaholics), al gimnasio (vigorexia), a los chats de Internet, los móviles, los videojuegos, las compras...Son los adictos sin drogas.

         La nueva forma de esclavitud de nuestra juventud es una esclavitud provocada por el propio individuo que comienza y termina en él mismo, originando un vínculo dependiente, con una actividad o una máquina.

         La dependencia supone una desvaloración de uno mismo, al mismo tiempo que se hipertrofia el “objeto” del que se depende: droga, persona o casa (objeto de compra). Implica, pues, dos aspectos: el individuo se siente débil y tiene que apoyarse en algo y el “otro” es tan maravilloso que no hay nada que temer. El gran inconveniente de esta situación es que la persona se atrofia y bloquea su posibilidad de crecimiento psicológico; al depender evita el sufrimiento cotidiano, pero hipoteca toda su posibilidad de realización.

         Toda dependencia se establece a través de una relación perversa: el objeto es utilizado para unos fines a los que, en principio, no estaba destinado: así, las máquinas tragaperras planteadas como un pequeño juego de azar se convierten en el primer objeto de necesidad para el ludópata, o la nevera llena que nunca sacia al comedor compulsivo, o comprar por comprar sin tener en cuenta la utilidad del objeto de compra.

         Es decir, las adicciones se inician como conductas que causan placer (“chatear en Internet”, comprar de forma compulsiva, jugar a las máquinas tragaperras, etc.) pues el sujeto disfruta de esa acción y de alguna manera compensa su fracaso como persona, en el trabajo o con los demás.

         En principio, pues, es una forma de buscar una gratificación, como otros podemos ir a la peluquería o viajar. El problema surge cuando, en un plazo más o menos largo, dependiendo de la personalidad de cada sujeto, esa actividad esclaviza, y uno se siente obligado a repetirla, a pesar del malestar que le ocasiona. En estos momentos ya debemos hablar de dependencia o adicción.

         Y esto es así, porque la conducta adictiva (en nuestro caso “comprar por comprar”) se caracteriza por la capacidad que tiene para producir gratificación inmediata o alivio de algún malestar. Por esto, es fácil que termine por generar dependencia, es decir, un patrón desadaptativo, que conduce a un deterioro global de la persona.

¿Soy adicto?

         Se han señalado diversos aspectos que hay que tener en cuenta para definir si una persona es dependiente de una actividad (compras), sustancia (drogas) o persona (dependientes en sentido estricto). Seguidamente transcribo los seis criterios propuestos por Griffiths (1998):

Saliencia: una actividad se convierte en lo más importante para el individuo y domina sus pensamientos y su actividad.

Modificación del humor: irritabilidad o ansiedad en relación con la imposibilidad de realizar la actividad o cuando se finaliza.

Tolerancia: con el paso de los días se requiere incrementar la actividad para producir los mismos efectos.

Síndrome de abstinencia: es decir, si la supresión de la actividad o su imposibilidad de realizarla produce ansiedad y malestar general psíquico o incluso físico.

Conflicto: el comportamiento del sujeto interfiere gravemente en la actividad familiar, social o laboral. Es decir, el sujeto puede abandonar las obligaciones familiares o laborales por seguir con actividad dependiente.

Recaída: tras períodos de abstinencia vuelve con las mismas conductas.

Lo que es evidente es que lo patológico de cualquier adicción no es la actividad concreta (todas ellas pueden ser gratificantes si se usan de forma correcta: comprar, utilizar internet, etc.) sino la relación que se establece con ella. Por definición, se dice que una actividad es destructiva, ya que el sujeto se siente incapaz de controlarla, cuando se cumplen todos los criterios propuestos por Griffiths. Eso sí, dependiendo de la intensidad de cómo se vivan esos criterios, la adicción será más o menos grave.

Comprar por comprar

         Comprar de forma descontrolada ha recibido diferentes nombres: “shopping disorder”, “dessing disorder”. “trastornos de adquisición anormal” o “compra compulsiva. Es evidente que es difícil situar el límite de lo normal y anormal en este terreno. La compra anormal se caracteriza por la necesidad inevitable de comprar, que se acompaña de una disminución de tensión, y que puede llegar a provocar importantes problemas familiares, interpersonales e incluso económicos.

         Tal es el caso de Marta. Mujer de 50 años de edad, que refiere una necesidad imperiosa de comprar, sobre todo, música: discos, CD, etc. Es tal la cantidad de música que compra que no tiene tiempo material para escucharla, pero si acude a una sección de música, no puede salir sin comprar algo; también Antonio tiene un problema parecido, aunque éste el objeto de sus compras son los zapatos. La explicación para él es muy sencilla, como me dijo en una ocasión: “hoy me he comprado tres pares de zapatos pues estaban muy rebajados”. Pero la realidad era que tenía más de veinte pares de zapatos, y, además, como le dijo su hijo pequeño, muchos de ellos los tenía “repe”.

         Las motivaciones de este tipo de conductas son muy diversas; en el caso de Marta siempre está relacionado con un disgusto con el marido o una bronca con los hijos, lo que provoca la pataleta de irse a los grandes almacenes y “jugar” a ser Amancio Ortega; en el caso de Antonio es el aburrimiento el que le lleva a llenarse de cosas (zapatos), que nunca sacian completamente.

         Las nuevas posibilidades tecnológicas (tarjetas de crédito, Internet, etc.) han facilitado más estas acciones, pues sin dinero en el bolsillo e incluso sin moverse de casa, se puede satisfacer ese impulso.

         La compra compulsiva (incrementada en las épocas de rebaja o en las grandes ofertas de dos por uno) pretende neutralizar, en muchas ocasiones, el vacío de una vida poco satisfactoria o mitigar una ansiedad producida por el trabajo, los hijos o la misma situación precaria económica.

         Desde el punto de vista psicopatológico este tipo de conducta está relacionado, pues, con los cuadros de ansiedad o depresivos o en los grandes cuadros de exaltación del ánimo, como es la manía.

Retrato robot de las compradoras compulsivas
  • Mujer joven y de nivel económico medio o alto.
  • El inicio de las compras compulsivas es en la adolescencia, aunque pueden pasar varios años hasta que se da cuenta que su conducta es anómala.
  • Muy preocupadas por “el tener” y no por “el ser” (en terminología de Fromm).
  • Se suele acompañar con un trastorno de ansiedad, depresión o consumo patológico de alcohol o drogas.
  • No compran por necesidad sino por el placer mismo de comprar y posteriormente se sienten culpables pues son conscientes de que el gasto ha sido innecesario.
  • Entre los rasgos de personalidad más frecuentes podemos señalar: la inseguridad, la dependencia y la necesidad excesiva de agradar y de buscar la satisfacción de forma inmediata.
Prevención

         Una de las preguntas que subyacen en relación con este problema es: ¿por qué la sociedad actual favorece las dependencias? José A. Marina da una respuesta: “uno de los elementos del sistema de creencias del adicto es la exaltación de lo fácil. Nuestra sociedad de consumo nos hace pensar siempre en lo que es más barato y produce más felicidad. El dos por uno, tan sugestivos en los anuncios de los supermercados (dos melones por una, llévese dos kilos de peras y pague uno, etc.) está presente en muchas de nuestras acciones: conseguir la felicidad con el mínimo esfuerzo. Es como si el joven fuera aprendiendo que lo fácil es sinónimo de bienestar.

         Por este motivo, crear un clima de confianza y fortalecer la autoestima será un buen caldo de cultivo para que el adolescente no se deje arrastrar por la tendencia a buscar satisfacciones inmediatas y a evitar los sacrificios. Así esquivaremos la “nueva esclavitud”: las adiciones sin drogas.

         En cuanto a las compras compulsivas he aquí algunas medidas para neutralizarlas:

  • Sería conveniente elaborar un presupuesto mensual y controlar de forma diaria los gastos.
  • Eliminar la práctica de comprar con tarjeta de crédito. Comprar con dinero en metálico nos hace ser más conscientes de los gastos reales que hemos hecho.
  • Evitar las compras de última hora
  • En caso de acudir a las rebajas procurar ir con una lista de necesidades y no salirse de ella.
  • Una forma indirecta, pero muy eficaz, es favorecer las actividades recreativas al aire libre y las acciones que fortalezcan la autoestima.

 

 

Educar en la no-dependencia

         Un desarrollo armónico de la personalidad debe estar construido sobre el soporte de que el poseer o tener por sí mismo no es suficiente para ser feliz y que en tanto en cuanto seamos más autónomo (en tendencias, inclinaciones, etc.) seremos más sanos mentalmente.  He aquí algunas claves para conseguir ese alto objetivo:

  • No es más feliz el que más tiene: los medios audiovisuales nos bombardear constantemente con la sensación de que para ser feliz hay que tener un buen coche o una buena casa o la zapatilla de moda. Nuestro mensaje, desde que el niño comienza a poseer (un juguete, ropa de moda, etc.) debe orientarse a enseñar a disfrutar de lo que se tiene, aunque sea poco, y no lo que tenga el primo o el vecino del quinto. Uno puede no tener muchas cosas, pero ser feliz con lo poco que tenga. No es cierto que vales lo que tienes, sino que vales lo que eres (Fromm).
  • Un “poco” de frustración es necesario para seguir progresando: hoy tendemos a saciar de forma automática todos los deseos del niño: los patines, la bicicleta, un helado, etc. Se confunde el deseo con la realidad. Mas cuando las frustraciones y contrariedades llegan, el adulto no está preparado para asumirlas. Se produce así la infelicidad y la tendencia a tener que suplir esas deficiencias con “cosas”: comprar y comprar.
  • Preocuparse por el mundo exterior: la posición del “tener” está centrada en uno mismo. Gira en torno a las propias necesidades: primero yo, después yo y después también yo...Poner el punto de mira en los otros es una forma de relativizar el poseer. Es una manera de vencer el narcisismo patológico que lleva al consumismo.
  • Favorecer la autoestima y la valoración de sí mismo: como hemos dicho antes una forma de neutralizar la tendencia a comprar por comprar es fortalecer el yo, reconociendo las capacidades del niño o adolescente y valorando en su justa medida los logros conseguidos: notas, acciones de solidaridad, renuncia a uno mismo, etc. Hay que primar “el ser” sobre “el tener” para que de adultos puedan disfrutar de forma correcta de su “tener” (riqueza, posesiones, etc.) De esta forma conseguirán no necesitar “las cosas” para estar bien.